Solíamos discutir frecuentemente sobre el color del mundo. María siempre decía que el mundo era de color azul. Cualquier gamberro con un par de neuronas en el cerebro diría eso. Era su salida fácil, quizá fundada en que estamos rodeados de mares. Frecuentemente olvidaba utilizar su imaginación. No le gustaba ahondar en cosas de aparente insignificancia. Nunca estuve de acuerdo con ella, yo creía que el mundo era blanco, una especie de lienzo. Sin embargo, después de tanta discusión innecesaria, he llegado a la conclusión de que el mundo es de un color extraño y difuso, indefinido a simple vista; es variable, depende de factores que desconozco aún. A veces es gris y otras verde, púrpura o carmín, pero puedo asegurar que en las noches siempre será negro.

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