martes, 18 de diciembre de 2012

Apología a los limpiaparabrisas




Limpiar parabrisas es el oficio más difícil del mundo. Luchar contra tigres de bengala es un juego de niños a comparación. Al menos para combatir a los tigres no tienes que competir contra las luces del semáforo; seres diabólicos con manías siniestras.
      En el oficio de limpiar parabrisas entran en juego varias cosas, por lo cual se debe ser sumamente precavido. Esto te mantiene en un estado de presión constante y sumamente traumatizante. Introducirse en la carretera con un montón de conductores furiosos es bastante riesgoso. Además, se pierden algunos segundos en lo que se encuentra al cliente. Ante el más mínimo descuido se te va la vida.
      El principal y más temido enemigo es  la luz del semáforo. Cuando uno es un peatón común y corriente la luz verde dura una eternidad, luego cambia a rojo. Esta suele durar lo necesario para cruzar a un paso más o menos rápido la calle sin verse obligado a correr como desquiciado. Aunque realmente nunca se sabe cuál es el momento indicado para cruzar; la luz bien puede estar a punto de pasar a verde. Un sistema de cuenta regresiva sería perfecto para salvaguardar la vida de los peatones, pero esa es otra historia. Cuando uno es el conductor de un automóvil, la luz roja dura un siglo y la verde tiene la misma periodicidad que un cometa. No pasa lo mismo con los limpiaparabrisas. En este caso la luz roja dura menos de un segundo. Se tiene que tener un dominio de la técnica casi perfecto, así como la habilidad de distribuir el tiempo con precisión si es que se quiere realizar un trabajo decente que repercutirá en las ganancias del día. Esto requiere de un intenso entrenamiento y dedicación. La precisión lo es todo. Un pequeño error y estás acabado. Hay que rociar el jabón con agua, pasar la esponja y limpiar los residuos en tiempos récord sin dejar impurezas. De lo contrario, no se puede esperar una buena paga.
      He visto niños lavar parabrisas con maestría. Yo necesitaría dos horas y media para hacerlo de un modo más o menos rescatable. Uno tiene que nacer con el toque, no se puede aprender de la noche a la mañana y esperar salir victorioso.

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