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lunes, 28 de abril de 2014

Vacaciones infinitas


Cuando era pequeño sentía que las vacaciones duraban lo que un parpadeo. A los niños les falta tiempo y les sobran ideas y energía, al menos al pequeño común. Dos semanas o incluso un mes no eran nada. Bah. El verano se iba tan rápido como llegaba. Siempre soñé con que algún día tendría tantas vacaciones como quisiera, llegaría el día en que tendría días libres hasta el hartazgo sin tener que morir para conseguirlo. 

Hace ya como un mes y medio ese día tan esperado llegó. Nos avisan que suspenderemos clases y reanudaremos hasta nuevo aviso. No voy a negar que al principio sentí un poco de ilusión y hasta algo parecido a la felicidad. De vez en cuando me alegro por no tener clases. Mi sueño de pequeño parecía tomar forma, pero luego eso se transformó en preocupación y ahora ya es una especie de criatura rabiosa que tira a morder si uno se le acerca.

Antes de aquel anuncio siquiera llevábamos cumplido un mes de regresar del periodo anterior. Demasiadas vacaciones no son buenas, uno pierde ritmo, la mente se acostumbra a dormir a la hora que sea, eso afecta a la larga. Uno olvida la tortura que supone hacer tarea y pierde práctica. Cuando regrese a clases es probable que sufriré como no tienen idea. Estoy frío. Ya no recuerdo el nombre de los profesores ni las materias. He llevado a la holgazanería y a la procrastinación a niveles estratosféricos. Esto ya no es sano de ninguna manera. 

domingo, 23 de marzo de 2014

Nos vemos, camarada


Debo decir que siempre le tuve cariño a mi blog a pesar de ser deficiente y raquítico. Se merece que me despida como es debido. La razón por la que yo venía y escribía aquí era porque era leído por un pequeño grupo de dos o tres personas ocasionales. La mayoría de personas llegaron de paso o por accidente. Agradeceré a las personas de Alemania que eran lectores asiduos. Pero esto ya no va más. Este lugar fue descubierto por una persona que no debía. Se terminó, hasta aquí ha llegado mi contribución al basurero que ronda por la internet. Nos vemos, camarada.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Doble ve


—¿Has visto a la chica que estaba allí hace un rato?
—Sí.
—Era hermosa. Jamás había visto a una mujer tan bella.
—Estoy de acuerdo contigo.
—¿La conoces?
—Se llama Wendy. Pero no le va, hubiera preferido que llevara otro nombre.
—¿Entonces la conoces?
—No.
—¿Qué diablos? ¿Por qué dices que se llama Wendy?
—No sé. Estoy seguro de que así es.
—Pero si tú no... Ah, como sea, quiero verla una vez más.
—Yo también, pero solo eso, verla. Parece ser el tipo de personas con las que deseas no convivir jamás para no estropearlo. Al final uno termina decepcionándose en la mayoría de los casos. Es mejor mantener la distancia, quedarse en casa a hacer dibujillos en una libreta que al final terminará en la basura y serán árboles que han dado su vida en vano. La tragedia se encuentra impresa en cada acción que uno realiza aunque a veces ni nos demos cuenta.


domingo, 17 de noviembre de 2013

Desdibujado


Soy de aquellos dibujantes que dejaron de ser dibujantes. No sé en qué momento de mi vida ocurrió, simplemente dejé que sucediera, no luché por conservar ese talento que me pertenecía y era tan mío como los diez dedos que llevo en los pies. Un día dibujaba a mares y al siguiente no volví a colocar la mirada en una hoja blanca. Antes el vacío cálido y claro de una hoja de papel en blanco me atraía y ahora me causa pavor. Ya no suelo tomar los lápices como antes, dejé de usarlos para trazar garabatos amorfos y empecé a usarlos para escribir números a montones. Tanto grafito desperdiciado, qué tristeza, una tragedia colosal. Debería comenzar de nuevo, volver a dibujar, ya he olvidado lo qué sentía al hacerlo, una parte de mí murió sin que yo hiciera algo al respecto.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Nací en el onceavo piso


Nací en el onceavo piso del edificio más viejo de la ciudad, cuando veintisiete de las treinta puertas habían sido derribadas. Mientras una multitud de ladrones intentaba irrumpir en la habitación en busca de un bolígrafo, yo veía por la ventana como las flores nacían en la noche desértica. Crecí junto a sujetos que no daban los buenos días y conocí a personas que gustaban de coleccionar relojes.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Ella, la niña


Eres un ser inolvidable. En el transcurso de la vida uno conoce una buena cantidad de personas de las cuales muy pocas pasan a ser realmente importantes en nuestra historia, algunas incluso llegan a  estorbar y otras solo pasan pisoteando y dejando manchas en el mantel, en el suelo, en la pared, en los muebles de nuestro espíritu, porque el espíritu es como una casa. Pero tú no, tú causas un sentimiento de tranquilidad, de felicidad, de añoranza, cualquiera que te conozca seguramente llegará a quererte después de intercambiar una mínima cantidad de palabras contigo. Eres esa visita que quieres que se quede más tiempo; que se quede un mes, un año, un siglo. Tienes alma de helecho, vas ahí por la vida liberando esporas que viajan libres en el viento, dejando marca en las personas que conoces; esa espora que crecerá en un bonito helecho, ahí, justo al lado del corazón: una huella inolvidable. No eres de aquellas personas inolvidables  a la mala, esas que hacen algo por lo que las aborreces toda la vida, no, tú eres aquellos sentimientos que uno quiere que nunca pasen, que se queden ahí para siempre. Nunca te olvidaré, has dejado tu espora en mí, y a pesar de que dejemos de tener contacto, a pesar de que la situación se torne caótica, a pesar de la distancia, siempre nos quedará el mar, ese punto de reunión de todos aquellos que huyen más allá de los arbustos de la carretera; más allá de las ventanas; más allá de la pequeña montaña del vecindario. Ahí donde aquellos que buscaban el horizonte han desistido para quedarse a vivir en la playa.

martes, 24 de septiembre de 2013

Deberías dormir



Deberías ir a dormir, no sé qué haces despierto a esta hora, es tarde y mañana tienes que ir a la escuela, recuerda que ahora vas de mañana. No es muy sano que solo duermas escasas cuatro horas, esto tiene que pasarte factura de alguna forma poco agradable. Estás llevando tu resistencia al límite, dices que no tienes sueño pero todo el día tus ojos luchan por cerrarse, la cama te llama e intenta seducirte para que te recuestes en ella, Morfeo quiere ser tu amigo. Las lágrimas brotan, tu alma grita desesperada, tu espíritu corre en círculos, estás a punto del colapso, pero prefieres seguir despierto. ¿Por qué lo haces? No imagino a dónde pretendes llegar con esta locura. Duérmete pedazo de imbécil, que el día en que quieras tomar una buena siesta no habrá tiempo ni de coger una almohada.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Al diablo con el vecino (2)



Antes de comenzar esta entrada, que tiene la única finalidad de quejarme de mi vecino, lea esta otra por si no se enteró: Al diablo con el vecino.

Después de lo que sucedió en aquella ocasión, las cosas habían marchado con tranquilidad, parecía que la fiebre por Led Zeppelin había desaparecido de la mente de aquel ser extraño, y ahora yo podría volver a escucharlos cómodamente, la opinión de dicho sujeto me importaba poco o nada. Pero vamos, la situación no pudo haber mejorado así, de la nada, sin motivos, las cosas no se podían solucionar así tan fácil, no, la tranquilidad no me sería devuelta tan fácil, todo era una simple ilusión, una que tenía ganas de quedarse y que al final se terminó yendo al demonio. Hace un par de semanas, mientras lavaba un vaso, escuché a lo lejos a Pink Floyd, ¡no puede ser! ¿Ahora escucha Pink Floyd? ¿Cómo ha ocurrido eso? ¿Acaso está intentando molestarme? No me molesta que otras personas escuchen la misma música que yo, incluso me emociona encontrar a otros que gusten de las cosas que me agradan. Pero este sujeto no, ¿cómo es posible?, si antes escuchaba  alguna especie de metal o cosa parecida. No lo merece, no puede estar escuchando a Pink Floyd. Ya sé cómo es que ha ocurrido tan incómoda coincidencia. A este sujeto se le dio por aprender a tocar guitarra, y seguramente  estuvo empapándose de "conocimientos musicales" y buscó algún top de "mejores solos de guitarra", imagino que por eso es que ahora le ha nacido el gusto por Stairway to Heaven o Comfortably Numb, maldito subnormal. Seguramente jamás puso atención cuando yo escuchaba Animals o Dark side. Si ahora se me da la gana escucharlos probablemente crea que yo lo estoy imitando, que me he copiado, que soy un idiota que no tiene gustos propios. Este sujeto ha aniquilado mis ganas de escuchar música a alto volumen, ahora solo me queda esconderme en los audífonos, y probablemente siga así, no quiero que ahora coja el gusto por alguna otra banda que a mí me agrada, no quiero que un día de estos esté escuchando a The Smiths. Tus fechorías han llegado a su fin, desagradable vecino.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Estoy considerando el retiro


Otro año sin hacer nada provechoso. No he realizado nada de lo que me sienta orgulloso. Me la he pasado jugando videojuegos y he conocido a sujetos con los que jamás me hubiera relacionado, y que resultaron ser grandes personas. Adquirí grandes habilidades con la práctica. Mis amigos los españoles son tremendamente buenos jugando, ¡joder tío, son la ostia! Nadie nos gana una. Ahora entiendo por qué mi madre jamás accedió a comprarme una consola de videojuegos cuando niño, probablemente nunca habría terminado la escuela. Ahora mismo estaría vagando por las calles pidiendo limosna o fumando un cigarrillo en las calles de alguna ciudad peligrosa. Creo que ya he desquitado todas aquellas ganas reprimidas de tener una consola, pronto dejaré este vicio, pero mientras se desvanece la euforia, seguiré aprovechando el momento, pues mis vicios son pasajeros. Nunca me he quedado enganchado a algo más de un año. No hay que aferrarse, o sí, yo qué sé.


miércoles, 17 de julio de 2013

Ninguna lágrima es eterna


No hay lágrima que dure para siempre. Ninguna lágrima es eterna, todas terminan por perecer, algunas de formas más escandalosas que otras, pero al final, ni una sobrevive. La esperanza de vida de esas pequeñas gotas de sal y sentimiento no es muy buena que digamos. Algunas se deslizan por las mejillas y terminan por deshidratarse antes de llegar al suelo, y las que logran llegar no sobreviven a la fatal caída, y hay algunas más desafortunadas, sí, aquellas que mueren en un pañuelo o un pedazo de papel, según sea el caso. He visto a la lágrima más poderosa sucumbir ante los rayos del sol. Algún día el sol nos pegará tan fuerte que nos vamos a evaporar. No hay lágrima que sea eterna, no hay espíritu inquebrantable

martes, 4 de junio de 2013

Tienes alma de helecho


Siempre que viajo en autobús me acuerdo de ti. Me invade una sensación de añoranza; ganas de saltar por la ventanilla, cruzar a través de los arbustos y saber que siempre encontraré el mar; porque uno siempre va a encontrar el mar, aunque algunas veces tendrá que caminar más que otras.

domingo, 21 de abril de 2013

Otra vez los brazos

Nuevamente me duelen los brazos. Quizás por nadar demasiado o alguna razón ajena a la natación. Lo que sea, al final, no evitará que me sigan doliendo. Es un dolor molesto que no deja estar tranquilo; uno cae en la desesperación por no saber que hacer para remediarlo. Los malos días abundan y se multiplican como plaga. Al principio se cuelan por la casa en alguna bolsa de frituras y cuando uno menos lo espera se han convertido en un problema de proporciones mastodónticas. Ni siquiera el mejor aniquilador de plagas puede con ellos. La naturaleza misma los ha expulsado del reino animal por tal aberración que representan. Y el dolor de brazos seguirá ahí, calándome durante un buen tiempo; al menos hasta que despierte. El dormir soluciona el dolor de muchas formas.

domingo, 14 de abril de 2013

Rinoceronte


Adonde sea que uno vaya encontrará polvo. Y no sé qué tenga qué ver eso. Quise iniciar la entrada así por que no tenía idea de como comenzar y porque, efectivamente, adonde sea que uno vaya encontrará polvo, o al menos en la mayoría de sitios. Además, uno siempre se dirige adonde sea. Estamos siempre moviéndonos a algún lugar, pues de lo contrario sufriríamos el síndrome del árbol, inventado por mí en este instante, y no lo explicaré por que es obvio, al menos para mí. 

No sé muy bien qué estoy haciendo, y eso me preocupa un poco durante las noches. Dedico cierta cantidad de minutos a indagar sobre el tema, aunque siempre termino desviándome y dejándolo para luego; como siempre, aplazando las cosas que a simple vista parecen importantes.

Los vecinos tenían un gato al que llamaban Fufú (pobre gato, no tenía la culpa). Al parecer lo querían mucho y eran responsables. Solo habían fallado a la hora de nombrarlo. Yo acostumbraba darle un poco de atún cuando se acercaba por el patio de la casa. 

Espiga era una paloma que se alimentaba de las migas de pan que los nobles visitantes del parque acostumbraban arrojar al suelo. Uno puede suponer cuál fue el desenlace de su historia cuando el parque fue clausurado.

En nuestro interior existe un pequeño cordel que sostiene un fósforo sobre un río de combustible. A veces el cordel es de algodón y otras de acero.

Miren al majestuoso dinosaurio, que cansado de la grandilocuencia ha decidido transformarse en la calma del ave.

El gato no se llamaba Fufú. Los vecinos no tenían gato. La existencia de unos vecinos es falsa.


viernes, 1 de marzo de 2013

Me duelen los brazos

Me duelen los brazos; me duelen, y no puedo hacer nada. Siento un dolor intenso, que se vuelve más y más agudo con el transcurrir de las horas. El clima es frío y hace que me duelan más los brazos. Realmente me duelen. Cargar con millones y millones de microbios algún día me tenía que pasar factura. Uno no puede andar por la vida recogiendo microbios del aire y terminar riendo; cuando menos de un catarro no te salvas. Pero yo no tengo un catarro, ojalá así fuera, pero no, a mí lo que me pasa es que me duelen los brazos, y mucho. Tejeré un suéter para que se me quite el dolor de brazos, aunque primero aprenderé a tejer y luego, luego haré el suéter. Estos brazos me están matando.

martes, 26 de febrero de 2013

Problema con las baterías

El reloj insiste en seguir girando sus manecillas. Lo he mirado fijamente para ver cómo reaccionaba, pero eso no hizo que cambiara su actuar, al contrario, pareciera que aumentó la velocidad. Pensé que era un problema con las baterías: demasiado cargadas quizá. Después de retirarle las pilas y esconderlas muy bien, el reloj seguía girando; alguna fuerza desconocida lo hacía girar con decisión. Nadie ni nada podía detenerlo. El giro de las manecillas era inevitable, y mientras yo buscaba la manera de pararle, el tiempo seguía su curso, sin perdonar, sin tocarse el corazón. El reloj es una máquina que se alimenta de almas y las transforma en tiempo. Cuando muera me llevaré ese reloj a la tumba, no vaya a ser que alguien más se lleve toda la vida intentando pararle en lugar de hacer otras cosas como, no sé, como ir a pescar o hacerse un sándwich.

jueves, 7 de febrero de 2013

No sé


No sé cómo se llama. La veo seguido. No sé si habla, pero estoy casi seguro de que sí, pues alguna vez le vi charlando con un sujeto sobre algo de poca importancia. No sé si come o solo bebe agua. Intuyo que los viajes en autobús no son lo suyo. He tenido la oportunidad de compartir asiento, pero guardo la distancia, prefiero no molestar. No sé dónde vive. Me cae bien. Ni siquiera la conozco. Espero nunca conocerla más allá de las vistas esporádicas. Me ocurre que mientras más conozco a las personas cercanas, menos las aprecio. Con las buenas personas no ocurre lo mismo; cuando uno conoce a un ser escaso como esos, mientras más se les conoce más se les quiere. No sé si le gustan las bicicletas o prefiere los automóviles. No quiero saber sus gustos musicales o su pasatiempo favorito; si le gustan los gatos o los perros; si ama la sopa o la detesta; si se ducha seguido o lo hace una vez al mes. No sé si me atrae la duda o la certeza. No sé si observa la vitrina o está dentro de ella; solo sé que me cae muy bien y ni siquiera la conozco. Sé que me agrada. No es amor ni nada de eso. No sé cómo se llama, aunque su nombre es lo menos importante.

sábado, 12 de enero de 2013

Al diablo con el vecino



Los momentos más desagradables ocurren cuando uno menos los espera. He estado solo en casa y era mi oportunidad para escuchar a Led Zeppelin a un volumen considerablemente más alto que en unas pequeñas bocinitas que tengo en el cuarto, las cuales uso poco. No acostumbro escuchar música si no es por auriculares; siempre estoy con el pendiente de no perturbar al prójimo. Estoy consciente de que mis gustos musicales pueden no ser del agrado de los demás bípedos con los que comparto este planeta. Pero ahora resulta que el vecino también escucha a Led Zeppelin; realmente una catástrofe; una tristeza. Me ha echado a perder la semana. Ya no podré escuchar más a los Zepp. Qué va a pensar este sujeto que a medianoche canta canciones de metal, y que se asemeja más a alguien que está sufriendo de un terrible dolor estomacal que a un buen cantante. Se va a imaginar que le he igualado y que porque él los escucha ahora yo también. Pensará que padezco alguna clase de esnobismo. Jamás volveré a escuchar los gloriosos riffs de Jimmy Page sonando por toda la casa. Una lástima. Pero no todo está perdido, aún puedo escuchar otras cosas, a no ser que repentinamente también le nazca un amor por otras bandas que escucho.

Al diablo con el vecino, mañana Stairway to Heaven se escuchará por todo el vecindario.

viernes, 4 de enero de 2013

Mis manos se odian


Por más que lo intento no puedo, simplemente no sucede. Mis manos se odian mutuamente. Intentar juntarles para generar un aplauso es imposible. Tengo que recurrir a métodos nada prácticos. Finjo un aplauso y hago ruidos con la boca que en nada se parecen a uno. Solo hago el ridículo. Hasta el momento es lo único que he podido hacer. Por motivos de la escuela estuve asistiendo a eventos en donde los aplausos eran requeridos con frecuencia. Y ahí estaba yo, acorralado, sin saber qué hacer, desesperado por la incómoda situación. Tengo que admitirlo: las focas y los simios son mejores que yo. 

jueves, 27 de diciembre de 2012

Un huracán en casa



Había un montón enorme de cartas que jamás escribí. Las razones son poco importantes. La casa estaba llena de ellas. Incluso se extendían hasta el jardín y algunas más aventureras lograban llegar a la acera. Cualquier sitio en el que uno ponía la mirada estaría lleno de ellas. Sobre el césped, encima de los rosales, colgadas en una rama. Algunas eran para personas que apreciaba, otras para los que vi solo una vez, y las más especiales eran para seres que existen solo en la vida onírica. No las envié porque nunca encontré la compañía de correos adecuada. Todas se limitaban a enviar material que pudieran tocar con las manos. Así que se fueron acumulando hasta formar un muro que a simple vista no dejaba salir ni entrar a nadie.
   El día se nubló inesperadamente y la lluvia arremetió sin previo aviso. El viento se intensificó y derribó varios árboles a los cuales apreciaba de una manera especial. Al vagabundo que vivía en la esquina le cayó encima un almendro y lo mató de manera súbita. Seguramente, sin importar a cuál lugar haya sido transportado, se alimentaría mejor que aquí. 
   Como un caballo a todo galope el viento irrumpió por la cocina arremolinando las cartas, y la lluvia se dispuso a deshacerles con una vehemencia desmesurada. Hicieron la ventana añicos y se colaron en la casa. Cualquier intento de rescate era imposible. Solo me quedé observando cómo las cartas eran destruidas; puse atención mientras ocurría la catástrofe. El muro de papel era derribado con elegancia por un huracán furioso. Nada podía hacer. La casa era un desastre y todo estaba arruinado. Harían falta una buena cantidad de escobas y un par de botas de hule.

Sueños de alguien que no sueña


Estás ahí, parado en la acera. Solo tú y la fría acera. Unas cuantas aves en el cielo y un depósito de basura en la esquina. Todo lo demás es blanco y destila tristeza. No hay nada alrededor. Solo un vacío que retuerce el estómago. Caminas cien metros y encuentras un buzón, el cual contiene un sobre rojo. Hay una carta dentro de él dirigida a ti; la abres pero no dice nada, es una hoja en blanco. La guardas en el bolsillo y decides caminar un poco más. Dos horas han pasado desde que encontraste la carta; has avanzado una gran distancia; tienes los bolsillos rotos; el sobre ha caído muchos metros atrás. No puedes regresar porque ya no hay camino de regreso. Sigues adelante y ahí está un buzón de nuevo. Esta vez es azul. Contiene el mismo sobre rojo. Al abrirlo de nuevo ya no está la hoja, en su lugar hay solo un pequeño pedazo de servilleta que dice: «alguien miente, siempre hay alguien que está mintiendo».