domingo, 21 de abril de 2013

Otra vez los brazos

Nuevamente me duelen los brazos. Quizás por nadar demasiado o alguna razón ajena a la natación. Lo que sea, al final, no evitará que me sigan doliendo. Es un dolor molesto que no deja estar tranquilo; uno cae en la desesperación por no saber que hacer para remediarlo. Los malos días abundan y se multiplican como plaga. Al principio se cuelan por la casa en alguna bolsa de frituras y cuando uno menos lo espera se han convertido en un problema de proporciones mastodónticas. Ni siquiera el mejor aniquilador de plagas puede con ellos. La naturaleza misma los ha expulsado del reino animal por tal aberración que representan. Y el dolor de brazos seguirá ahí, calándome durante un buen tiempo; al menos hasta que despierte. El dormir soluciona el dolor de muchas formas.

domingo, 14 de abril de 2013

Rinoceronte


Adonde sea que uno vaya encontrará polvo. Y no sé qué tenga qué ver eso. Quise iniciar la entrada así por que no tenía idea de como comenzar y porque, efectivamente, adonde sea que uno vaya encontrará polvo, o al menos en la mayoría de sitios. Además, uno siempre se dirige adonde sea. Estamos siempre moviéndonos a algún lugar, pues de lo contrario sufriríamos el síndrome del árbol, inventado por mí en este instante, y no lo explicaré por que es obvio, al menos para mí. 

No sé muy bien qué estoy haciendo, y eso me preocupa un poco durante las noches. Dedico cierta cantidad de minutos a indagar sobre el tema, aunque siempre termino desviándome y dejándolo para luego; como siempre, aplazando las cosas que a simple vista parecen importantes.

Los vecinos tenían un gato al que llamaban Fufú (pobre gato, no tenía la culpa). Al parecer lo querían mucho y eran responsables. Solo habían fallado a la hora de nombrarlo. Yo acostumbraba darle un poco de atún cuando se acercaba por el patio de la casa. 

Espiga era una paloma que se alimentaba de las migas de pan que los nobles visitantes del parque acostumbraban arrojar al suelo. Uno puede suponer cuál fue el desenlace de su historia cuando el parque fue clausurado.

En nuestro interior existe un pequeño cordel que sostiene un fósforo sobre un río de combustible. A veces el cordel es de algodón y otras de acero.

Miren al majestuoso dinosaurio, que cansado de la grandilocuencia ha decidido transformarse en la calma del ave.

El gato no se llamaba Fufú. Los vecinos no tenían gato. La existencia de unos vecinos es falsa.


viernes, 8 de marzo de 2013

En el mismo asiento


Una mujer hermosa aborda el autobús. Se dispone a contemplar el espectáculo que suponen las calles y su misticismo. Pasan algunos minutos. Ahora sube una mujer de belleza singular, mira hacia todos lados en busca de un asiento vacío y decide sentarse junto a la mujer hermosa. Una mujer hermosa comparte el asiento del autobús con una mujer bellísima. Un evento inédito. El vehículo comienza a tambalearse y el cielo se nubla un poco. Después de algunos instantes el autobús empieza a desintegrarse y esparcirse, como arena en el viento; algunos pasajeros salen disparados por la ventanilla y otros cuantos quedan congelados. Incluso a algunos les explotan los oídos. El transporte está hecho polvo. Las féminas se saludan con un hola domesticado y el mundo se despedaza, como si estuviese dentro de una licuadora universal.

viernes, 1 de marzo de 2013

Me duelen los brazos

Me duelen los brazos; me duelen, y no puedo hacer nada. Siento un dolor intenso, que se vuelve más y más agudo con el transcurrir de las horas. El clima es frío y hace que me duelan más los brazos. Realmente me duelen. Cargar con millones y millones de microbios algún día me tenía que pasar factura. Uno no puede andar por la vida recogiendo microbios del aire y terminar riendo; cuando menos de un catarro no te salvas. Pero yo no tengo un catarro, ojalá así fuera, pero no, a mí lo que me pasa es que me duelen los brazos, y mucho. Tejeré un suéter para que se me quite el dolor de brazos, aunque primero aprenderé a tejer y luego, luego haré el suéter. Estos brazos me están matando.

martes, 26 de febrero de 2013

Problema con las baterías

El reloj insiste en seguir girando sus manecillas. Lo he mirado fijamente para ver cómo reaccionaba, pero eso no hizo que cambiara su actuar, al contrario, pareciera que aumentó la velocidad. Pensé que era un problema con las baterías: demasiado cargadas quizá. Después de retirarle las pilas y esconderlas muy bien, el reloj seguía girando; alguna fuerza desconocida lo hacía girar con decisión. Nadie ni nada podía detenerlo. El giro de las manecillas era inevitable, y mientras yo buscaba la manera de pararle, el tiempo seguía su curso, sin perdonar, sin tocarse el corazón. El reloj es una máquina que se alimenta de almas y las transforma en tiempo. Cuando muera me llevaré ese reloj a la tumba, no vaya a ser que alguien más se lleve toda la vida intentando pararle en lugar de hacer otras cosas como, no sé, como ir a pescar o hacerse un sándwich.

jueves, 7 de febrero de 2013

No sé


No sé cómo se llama. La veo seguido. No sé si habla, pero estoy casi seguro de que sí, pues alguna vez le vi charlando con un sujeto sobre algo de poca importancia. No sé si come o solo bebe agua. Intuyo que los viajes en autobús no son lo suyo. He tenido la oportunidad de compartir asiento, pero guardo la distancia, prefiero no molestar. No sé dónde vive. Me cae bien. Ni siquiera la conozco. Espero nunca conocerla más allá de las vistas esporádicas. Me ocurre que mientras más conozco a las personas cercanas, menos las aprecio. Con las buenas personas no ocurre lo mismo; cuando uno conoce a un ser escaso como esos, mientras más se les conoce más se les quiere. No sé si le gustan las bicicletas o prefiere los automóviles. No quiero saber sus gustos musicales o su pasatiempo favorito; si le gustan los gatos o los perros; si ama la sopa o la detesta; si se ducha seguido o lo hace una vez al mes. No sé si me atrae la duda o la certeza. No sé si observa la vitrina o está dentro de ella; solo sé que me cae muy bien y ni siquiera la conozco. Sé que me agrada. No es amor ni nada de eso. No sé cómo se llama, aunque su nombre es lo menos importante.

Humor gris

El humor negro es fácil y barato. Cualquier gamberro con la capacidad de respirar por sí mismo puede hacer un chiste de esos, e inmediatamente los cretinos saldrán de las cloacas a celebrar la «hazaña».