No hay lágrima que dure para siempre. Ninguna lágrima es eterna, todas terminan por perecer, algunas de formas más escandalosas que otras, pero al final, ni una sobrevive. La esperanza de vida de esas pequeñas gotas de sal y sentimiento no es muy buena que digamos. Algunas se deslizan por las mejillas y terminan por deshidratarse antes de llegar al suelo, y las que logran llegar no sobreviven a la fatal caída, y hay algunas más desafortunadas, sí, aquellas que mueren en un pañuelo o un pedazo de papel, según sea el caso. He visto a la lágrima más poderosa sucumbir ante los rayos del sol. Algún día el sol nos pegará tan fuerte que nos vamos a evaporar. No hay lágrima que sea eterna, no hay espíritu inquebrantable
miércoles, 17 de julio de 2013
martes, 4 de junio de 2013
Tienes alma de helecho
Siempre que viajo en autobús me acuerdo de ti. Me invade una sensación de añoranza; ganas de saltar por la ventanilla, cruzar a través de los arbustos y saber que siempre encontraré el mar; porque uno siempre va a encontrar el mar, aunque algunas veces tendrá que caminar más que otras.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Anda a dormir
Anda a dormir. Nadie está despierto en estos días. Todos descansan en sus camas, cubiertos con suaves sábanas de algodón. El mundo gira un poco lento y todos sueñan; algunos navegan barcos y otros cuentan billetes. Los sueños son distintos y nadie está de acuerdo. No hay que preocuparse por el tiempo, sino por el reloj.
domingo, 21 de abril de 2013
Otra vez los brazos
Nuevamente me duelen los brazos. Quizás por nadar demasiado o alguna razón ajena a la natación. Lo que sea, al final, no evitará que me sigan doliendo. Es un dolor molesto que no deja estar tranquilo; uno cae en la desesperación por no saber que hacer para remediarlo. Los malos días abundan y se multiplican como plaga. Al principio se cuelan por la casa en alguna bolsa de frituras y cuando uno menos lo espera se han convertido en un problema de proporciones mastodónticas. Ni siquiera el mejor aniquilador de plagas puede con ellos. La naturaleza misma los ha expulsado del reino animal por tal aberración que representan. Y el dolor de brazos seguirá ahí, calándome durante un buen tiempo; al menos hasta que despierte. El dormir soluciona el dolor de muchas formas.
domingo, 14 de abril de 2013
Rinoceronte
Adonde sea que uno vaya encontrará polvo. Y no sé qué tenga qué ver eso. Quise iniciar la entrada así por que no tenía idea de como comenzar y porque, efectivamente, adonde sea que uno vaya encontrará polvo, o al menos en la mayoría de sitios. Además, uno siempre se dirige adonde sea. Estamos siempre moviéndonos a algún lugar, pues de lo contrario sufriríamos el síndrome del árbol, inventado por mí en este instante, y no lo explicaré por que es obvio, al menos para mí.
No sé muy bien qué estoy haciendo, y eso me preocupa un poco durante las noches. Dedico cierta cantidad de minutos a indagar sobre el tema, aunque siempre termino desviándome y dejándolo para luego; como siempre, aplazando las cosas que a simple vista parecen importantes.
Los vecinos tenían un gato al que llamaban Fufú (pobre gato, no tenía la culpa). Al parecer lo querían mucho y eran responsables. Solo habían fallado a la hora de nombrarlo. Yo acostumbraba darle un poco de atún cuando se acercaba por el patio de la casa.
Espiga era una paloma que se alimentaba de las migas de pan que los nobles visitantes del parque acostumbraban arrojar al suelo. Uno puede suponer cuál fue el desenlace de su historia cuando el parque fue clausurado.
En nuestro interior existe un pequeño cordel que sostiene un fósforo sobre un río de combustible. A veces el cordel es de algodón y otras de acero.
Miren al majestuoso dinosaurio, que cansado de la grandilocuencia ha decidido transformarse en la calma del ave.
El gato no se llamaba Fufú. Los vecinos no tenían gato. La existencia de unos vecinos es falsa.
viernes, 8 de marzo de 2013
En el mismo asiento
Una mujer hermosa aborda el autobús. Se dispone a contemplar el espectáculo que suponen las calles y su misticismo. Pasan algunos minutos. Ahora sube una mujer de belleza singular, mira hacia todos lados en busca de un asiento vacío y decide sentarse junto a la mujer hermosa. Una mujer hermosa comparte el asiento del autobús con una mujer bellísima. Un evento inédito. El vehículo comienza a tambalearse y el cielo se nubla un poco. Después de algunos instantes el autobús empieza a desintegrarse y esparcirse, como arena en el viento; algunos pasajeros salen disparados por la ventanilla y otros cuantos quedan congelados. Incluso a algunos les explotan los oídos. El transporte está hecho polvo. Las féminas se saludan con un hola domesticado y el mundo se despedaza, como si estuviese dentro de una licuadora universal.
viernes, 1 de marzo de 2013
Me duelen los brazos
Me duelen los brazos; me duelen, y no puedo hacer nada. Siento un dolor intenso, que se vuelve más y más agudo con el transcurrir de las horas. El clima es frío y hace que me duelan más los brazos. Realmente me duelen. Cargar con millones y millones de microbios algún día me tenía que pasar factura. Uno no puede andar por la vida recogiendo microbios del aire y terminar riendo; cuando menos de un catarro no te salvas. Pero yo no tengo un catarro, ojalá así fuera, pero no, a mí lo que me pasa es que me duelen los brazos, y mucho. Tejeré un suéter para que se me quite el dolor de brazos, aunque primero aprenderé a tejer y luego, luego haré el suéter. Estos brazos me están matando.
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