martes, 26 de junio de 2012

La fecha en el papel

Hace ya cuatro años que sucedió. A veces lo olvido. No era un día especial, más bien era uno bastante común. Eran años de secundaria. No tengo malos ni buenos recuerdos de esa época. Fue una etapa decente, creo. Como todas las mañanas, había despertado temprano; tomado un baño; cogido la mochila y emprendido el camino hacia a la escuela. No era nada corto. Tampoco eran diez mil kilómetros. Llegué, tomé unas cuantas clases y fingí que aprendía algo para no echar abajo el sistema. Todo marchó normal. Hasta que llegó la última clase, la cual impartía un profesor que me parecía un mequetrefe. Entré primero, tomé un asiento, y vi una hoja tirada en el suelo, estaba en blanco, solo tenía una fecha escrita en una esquina. ¿Quién habrá desperdiciado un hoja para escribir solo la fecha? Algún desdichado, supuse. Entonces pensé que debía ser alguna especie de señal, extraña, claro. Arranqué el pedazo que contenía la fecha y me dispuse a envolverlo con cinta adhesiva, luego lo introduje en mi billetera. Es genial que no haya extraviado mis billeteras durante los cuatro años que he cargado el papelito. Podría haberlo perdido hace mucho. Planeo conservarlo cuanto me sea posible. De algo servirá. Quizá rompa un récord. Cuando inventen una máquina del tiempo, ya sé a qué fecha viajar.

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